miércoles, 22 de mayo de 2013

Antiguo santuario prerromano en calle Ruaya, Valencia

Como ya hemos comentado en más de una ocasión, la mayoría de las ciudades con pasado romano se ubicaban en lugares que ya fueron habitados previamente. En este sentido, cuando hablamos de Valencia, aquella que dicen las crónicas fue fundada el 138 a. C. por el cónsul Décimo Junio Bruto, nos encontramos seguramente ante el mismo caso. Es posible que no hubiera una continuidad entre las poblaciones anteriores, ya fueran íberas o púnicas, que se encontraran junto a la ribera del Turia en lo que es hoy en día Valencia, y la propia Valentia romana, pues tras las guerras púnicas el lugar pudo haber sido abandonado. Así parece demostrarlo un santuario, nuestro protagonista de hoy, calificado como fronterizo por sus estudiosos, hallado en la calle Ruaya, en la margen izquierda del Turia, y que parece ser fue destruido unos años antes de lo que fue la "fundación" de la Valencia romana. Pero hubiera una continuidad o no, lo que es evidente es que el lugar ya fue un foco de ocupación para pueblos anteriores a la llegada de los itálicos, donde también hay que incluir incluso hallazgos prehistóricos encontrados en este mismo yacimiento y que no carecen, igualmente, de poca importancia.

lasprovincias.es

*Fuente: lasprovincias.es, 18/05/2013

Los técnicos del Ayuntamiento han llegado a la conclusión de que el subsuelo de la calle Ruaya, donde se localizó el yacimiento en el que los arqueólogos municipales trabajaron durante 2008, fue un santuario, una zona sacra, con un pequeño templo y múltiples pozos donde se realizaban sacrificios y ofrendas. Los trabajos arqueológicos en Ruaya han logrado echar la máquina del tiempo todavía más atrás.

[...] Rivera -sección de Arqueología descartó que cuando Junio Bruto fundó Valentia lo hiciese en un espacio habitado en ese momento por otra población. El arqueólogo consideró «muy probable, teniendo en cuenta cómo eran los romanos», que el santuario que protagoniza la exposición hubiese sido arrasado años antes de poner en marcha el asentamiento que hoy es la capital del Turia. Precisamente, la existencia del río y su posible uso como frontera natural entre cartagineses e íberos convirtió el templo en una especie de santuario fronterizo.
El material estaba en el interior de pozos (en cuyo interior también se localizaron las piezas prehistóricas del Holoceno) que servían como contenedores de las ofrendas y animales sacrificados de aquellas comunidades, que consideraban la zona como lugar de culto.

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