martes, 23 de septiembre de 2014

La Peña Gorda: antiguo santuario, La Peña

Hoy traemos un ejemplo más de piedra -en este caso un gran berrocal- sacralizado en la prehistoria y posiblemente también durante el primer milenio a. C. Pero en este caso, además, ha dado nombre a la población que se asienta junto a ella, a La Peña, municipio de la comarca de Tierra de Vitigudino, en concreto, de la subcomarca perteneciente a esta última conocida como La Ramajería. En la Peña Gorda, como en el resto de piedras que han cumplido la función de altar o lugar sagrado, encontramos escalones, piletas y cazoletas. La roca solitaria, como si de una roca-isla en un mar desecado se tratase, tiene un aspecto imponente, lo que, a razón de las huellas humanas que en ella se encuentran, no pasó desapercibida para nuestros antepasados en aquellos parajes, teniendo un carácter simbólico para ellos; carácter simbólico que se mantiene a través, como ya hemos comentado, del propio nombre de la población actual que junto a ella se encuentra.

Foto: lazarzapumareda.blogspot.com

*Fuente: Mariano Serna Martínez, terraeantiqvae.com

Una gigantesca roca granítica ovalada, de 60x100 m y más de 30 de altura, que parece caída del cielo. Un monumento natural único en su género que, según Luis Benito del Rey y Ramón Grande (Santuarios Rupestres de las Provincias de Zamora y Salamanca), fue sacralizada en un primer momento y cristianizada en épocas posteriores. También el padre Morán, basándose en ciertos signos, “la pisada de la Virgen por ejemplo”, señaló en su día la existencia, en lo alto de la peña, de un santuario prehistórico y de los restos de una ermita o templo cristiano.

Luis Benito y Ramón Grande visitaron el lugar los años 1988 y 1992, constatando (ya era conocido), en torno a la peña la existencia de un asentamiento prehistórico Eneolítico (Cobre y Bronce) pero en cuanto a elementos de significación religiosa o mágico-ritual, en la peña propiamente dicha, dicen que tan sólo encontraron dos serpentiformes y otros tantos hoyuelos en lo alto de la roca; y, junto a una covacha situada en lo alto de la peña al borde del abismo, dos huellas de pie y dos cazoletas. Nada hallaron  de la ermita referida por el padre Morán.
[...] ...monumental y única escalera,  que en algunos puntos presenta hasta siete filas de gradillas, tuvo en su día la función de facilitar el acceso al altar en que las gentes de los primeros metales convirtieron la cima de la descomunal peña. Un caso similar al de la escalera que presenta el altar rupestre conocido como “El Mortero de Bonilla”, compuesta en este caso por catorce gradillas o escalones. Otra importante concentración de escalones, algunos verdaderamente monumentales, se hallan en un grupo rocoso semiovalado situado dos decenas de metros al suroeste de la referida covacha y del final de la escalera que corona la peña. Otra importante concentración de elementos rituales (cazoletas, hornacinas, y escotaduras), se encuentra en la referida covacha, situada en el extremo oriental de las tres que existen en la parte norte de lo alto de la peña frente a la cual termina la bifurcación superior de la gran escalera. 
[...] La conocida por los habitantes de la localidad de La Peña como “la Pisada de la Virgen”, es una sorprendente y perfecta escotadura rectangular, de unos 25x8cm y otros 7 u 8 de profundidad, en nada parecida a la huella de un pie, situada sobre las rocas más altas de la parte sur de la peña, cuya pertenencia al Cobre o Bronce negaría de no haber contemplado antes la perfección de las escotaduras similares ( aunque de menor tamaño), las cazoletas y hornacinas que existen junto a la covacha mencionada al principio. Un elemento cuya finalidad cultual presupongo pero no cuál su función.Aunque podría escribir sobre el asunto hasta aburrir concluyo afirmando que esta descomunal peña determinó la ubicación de uno de los mayores asentamientos humanos de la zona hacia el segundo milenio antes de Cristo (las gentes del pueblo manifiestan que se han recogido en el lugar gran cantidad de objetos de piedra principalmente: hachas, puntas de flecha, molinos, etc.); que efectivamente, toda la peña constituyó un inmenso altar o santuario compuesto por multitud de elementos rituales al que tan sólo accederían las personas encargadas del culto (chamanes, sacerdotes o lo que fuesen), para celebrar los rituales, entre los que no faltarían los sangrientos; y que no aparecen en el lugar vestigios de posteriores prácticas religiosas (restos de ermitas, cruces, etc.).


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