sábado, 25 de junio de 2016

Luh malínuh de San Juan, Las Hurdes - D.E.P. José 'Badul'

Esta ficha va en honor de una gran persona, muy querida en su pueblo y en su comarca, en una semana en la que nos hemos enterado de su reciente fallecimiento. Badul, que así se le conocía, persona a la que tuvimos el honor de conocer y que tan amablemente se portó con nosotros en las tres ocasiones que pudimos disfrutar de su compañía, tuvo el merecido honor de ser el rey del Carnaval Jurdano de 2014 en Martilandrán, alquería de la que era natural. Desde aquí vaya nuestro humilde homenaje a José trayendo una muestra más de la rica mitología de su tierra, la hurdana, en este caso relacionada con el reciente solsticio de verano que acabamos de pasar. En algunas alquerías de Las Hurdes, en la víspera de San Juan, como bien nos cuenta Félix Barroso en el fragmento de un reciente artículo que acaba de publicar y cuyas líneas traemos, los vecinos acudían a determinados arroyos a buscar a "luh malínuh", una especie de gusanos que simbolizaban lo malo -lo que hay que quemar-, los cuales eran transportados en unos específicos cestos para su posterior quema en la hoguera de San Juan, a la par que se proferían determinados conjuros mientras que "luh malínuh" eran pasto de las llamas. Además, en una de las alquerías -desconocemos cuál-, existe una poza conocida como “El Charcu de luh Malínuh”, donde se acudía la mañana de San Juan, antes de que saliera el Sol, a apedrear las aguas, además de lanzar distintas maldiciones, para que éstas quedaran limpias de todo mal y posteriormente darse lo que se consideraba un baño purificador, cuya magia duraría, al menos, hasta el siguiente año.

Uno de los riachuelos donde los jurdanos iban a coger “lu malínuh”. Foto: Hurdes, Destino Natural

Fuente: Félix Barroso Gutiérrez - junio 2016

Curiosamente, en algunas aldeas de Las Hurdes acostumbraban, según vecinos que ya peinan muchas canas, el acudir, apenas comenzaba a pardear la víspera de San Juan, con unas cestillas de mimbre a determinados riachuelos o gargantas, donde decían que estaban “luh malínuh”.  Y eran éstos unas especies de repugnantes gusanos, que, después de atrapados, iban a parar a unos “ehcríñuh” realizados con bálago o a unas “jarápah”, que se hacían con corcho.  Luego, en las hogueras rituales que se hacían con brezos, carquesas y otras plantas olorosas, se arrojaban estos animaluchos, a la vez que se les imprecaba con fuertes palabras. Incluso en una de las alquerías se encuentra en un zigzagueante arroyuelo una poza conocida como “El Charcu de luh Malínuh”, adonde acudían los vecinos antes de asomar el sol en la mañana de San Juan.  Después de apedrear las aguas del charco y lanzar sobre ellas todo tipo de maldiciones, parece ser que quedaban limpias de todo mal y la gente se sumergía en ellas, en la creencia de que se librarían a lo largo de todo un año de las  enfermedades que afectaban a la piel.

Un “ehcriñu”, destapado, fabricado con bálago y ya en desuso, en el que se transportaba a "lu malínuh". Foto: Vicente Novillo

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